Todos son Él. Tú lo eres

 

 

Camino por el vagón y pongo la misma careta a todos los viajeros. Oficinistas. Técnicos. Obreros. Guardias de seguridad. Músicos. Vagabundos. Teleoperadores. Drogadictos. Aunque no lo sepan, o no lo quieran saber, el odio (Él) está todos ellos, lo cual, de forma irremediable, convierte a cada individuo del vagón en una misma persona. Son lo que fluye bajo el subsuelo. Ideas precocinadas. Proyectos fallidos. Bolas marrones flotando en colectores abandonados. Todos son Él. Fracasados. Imágenes borrosas que viven en el interior de una novela romántica de baja calidad. Personas que esquivan con soltura el concepto «Libertad».

Él me vigila sin saberlo. Lo sé porque utiliza los ojos de toda esa gente para mirarme. Él es esa vieja a la que nadie deja sentarse. La misma a la que miro y sonrío. La misma a la que ofrezco mi asiento de forma altruista. Vuelvo a sonreír y echo un vistazo a mi alrededor. Él son todos los que han pasado de la anciana y cuchichean para sus adentros. Piensan que soy un tipo ridículo que se ha quedado sin asiento y va a tener que hacer el resto del trayecto agarrado a la barra central. Se ríen de mí de una forma incoherente. ¿Por qué? Porque no saben que Él está en todos ellos. Son unos ignorantes. Van por ahí, dejándose dominar por la idiotez, sin darse cuenta de lo ocurre. Cuando Él los ignore lo verán, y aunque sea tarde para recular, se darán cuenta de la persona que rige sus impulsos. No malinterpretéis mis palabras. No hablo del maldito karma. Es evidente que si te dejas aconsejar por Él, nada bueno te espera. Es una cuestión de lógica.

Fuera del vagón la cosa es igual. Todos caminan hipnotizados. Observan sus smarphones. Marcan la jota y la a, el emoticono de la cara llorando de la risa, un «ok», la mierda con ojos, el corazón gigante, una ristra de besos. Simulan ser felices, eso es todo. Mientras tanto,  de forma casi imperceptible, el odio (Él) invade sus corazones y compra sus vidas a bajo coste. Él siempre encuentra la grieta, y cuando ocurre, se instala y empieza a crecer sin control.  Nadie está exento. Todos tenemos una grieta en el corazón. Y Él lo sabe.

Todos son Él. Incluso yo. Tú lo eres.

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